La filosofía de AICDMX es simple: la IA debe explicar. Por ello, cada señal incorpora un breve desglose del “por qué”: factores de precio y volumen, contexto de volatilidad, comportamiento de la liquidez y patrones que puedan anticipar cambios relevantes. Así, el usuario no solo recibe una alerta, sino un razonamiento que puede contrastar con su propio juicio.
El proceso incluye la clasificación de señales por “observación”, “interés” y “confirmación”. En “observación” aparecen comportamientos iniciales; “interés” sugiere una revisión más profunda; “confirmación” apunta a coincidencias de criterios que fortalecen el caso. Esta gradación evita decisiones impulsivas y promueve disciplina.
Las listas cortas por perfil complementan el enfoque. Los usuarios pueden construir watchlists según objetivos, horizonte temporal, tolerancia al riesgo, capital disponible y criterios sectoriales. En combinación con alertas, se genera una rutina ordenada: vigilar, validar, ejecutar con claridad.
La IA no pretende ser infalible. Las señales no sustituyen el juicio del inversionista ni garantizan resultados; su valor está en la legibilidad y la consistencia. Un buen proceso, con reglas claras y documentación, reduce errores comunes: persecución de precio, exceso de confianza o rotación excesiva de cartera.
AICDMX seguirá optimizando la explicación de señales para incorporar métricas aún más útiles y fáciles de entender. La meta: que el usuario sienta que tiene “instrumentos de navegación” de calidad, no solo un tablero de luces.
